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martes, 7 de mayo de 2013

No me olvides, ¿me oyes?, por Kiyoshi Shigematsu. Lost Odissey, 1000 años de sueños… Este relato en particular fue leído de forma muy buena en el, en paz descanse, podcast de Ultimo Nivel en un episodio que no dudo en recomendar y paso a enlazar a continuación.


DESCARGAR [ON].2x­21.Especial.Los­t.Odyssey


Este relato aparece en el programa a partir del minuto 38:28 si gustan saltar directamente al especial, escúchenlo, no se arrepentirán. Y ahora si, entramos de lleno en el relato escrito.


-¡Hermanote!


Oye gritar a alguien a sus espaldas mientras se abre paso entre el gentío del pueblo.


Al principio Kaim, que busca hospedaje para pasar la noche, no se da cuenta de que es a él a quien llaman.Sin embargo, siguen gritando con insistencia: -¡Hermano mío! ¡Hermanote!


Qué raro.


La última vez que visitó este pueblo fue hace ochenta años. No puede quedar nadie que lo conozca.


-¡Espera, hermanote! ¡No te vayas!


Cada vez se extraña más, pues la voz que lo llama “hermanote” es la de una anciana. Sin bajar la guardia, se gira poco a poco.


Exacto: es una mujer mayor.


La viejecita, ataviada con ropa de niña, mira fijamente a Kaim y sonríe emocionada.


-Creo que se ha equivocado –le dice Kaim sin ocultar su fastidio.


-No, de eso nada –dice la anciana sacudiendo la cabeza y ensanchando la sonrisa-. ¡Tú eres mi hermanote Kaim!


-¿De qué…


-¿Qué pasa, Kaim, ya no te acuerdas de mí?


-Er…Bueno…Yo…


A Kaim no le acaba de sonar esta mujer. Aunque al final la reconociera, sabe que no conoce a nadie en este pueblo. Se pregunta si no se habrá reencontrado con alguien que conoció algún día en el camino. No, está seguro de que no la conoce y, lo que resulta aún más extraño, ¿por qué esta mujer que podría ser su abuela lo llama “hermanote”?


¡No finjas que no me conoces, Kaim! ¡No seas malo!La viejecita grita tanto que la gente se detiene a mirarlos.


No solo porque la anciana esté voceando, claro. En estas calles bulliciosas todo el mundo se ve obligado a levantar la voz para hacerse oír. Pero no llama la atención solo por eso. Los gritos de la viejecita suenan distintos a los de un adulto normal. Más bien recuerdan a los chillidos de una niña vociferando a pleno pulmón.


Los viandantes miran extrañados a la anciana y enseguida se desentienden.


Su confusión es comprensible. La viejecita lleva su pelo cano y liso sujeto con un lazo colorido y su vestido tiene el mismo estampado de flores y las mismas mangas holgadas que el de una niña.


Muchos de los transeúntes la miran entre compadecidos y apenados.


Poco a poco, Kaim lo va entendiendo. Se trata simplemente de que esta mujer está demasiado mayor. Por eso el pasado, encerrado en su memoria, se ha vuelto más auténtico para ella que la propia realidad.


Un hombre de mediana edad que pasa junto a ellos tira del codo a Kaim.


-Yo en su lugar no le haría caso. No deje que le líe. Sólo le traerá problemas.


-Es verdad –confirma la esposa del hombre al tiempo que asiente con la cabeza-. Como usted no es de aquí, no lo sabe, pero esta mujer está senil. Se olvidará de usted enseguida.


Puede que tengan razón, pero el caso es que la viejecita sabe su nombre.La niña que vive en su cabeza cree que es su “hermanote”.


Kaim se esfuerza por recordar.


La última vez que estuvo aquí, hace tanto tiempo, apenas se quedó unos días.No llegó a conocer a mucha gente y ya no puede quedar nadie que se acuerde de él.


Al ver que Kaim no se aparta de la anciana, el matrimonio entrometido se ofende.


-Intentas ayudar, ¿y cómo te lo agradecen? –resopla el marido.


-Déjalos, ellos verán –añade la esposa-. Vámonos. –Sin más, siguen por su camino.


La anciana afila la voz al máximo y les grita mientras se alejan airados:-¡No me olvidéis, ¿me oís?!


Es entonces cuando Kaim se acuerda. La viejecita se pone muy contenta al ver que la ha recordado.


-¿Me recuerdas ahora? –grita la mujer-. Soy Shushu. Yo… ¡Shushu!Ahora sí la recuerda; era muy pequeña cuando la conoció en este pueblo hace ochenta años.Entonces apenas levantaba dos palmos del suelo. Era una niña muy espabilada, cuya falta de timidez con los extraños se debía a que era la hija del posadero.


Debió de hacerle gracia una expresión que oyó decir a alguien, de modo que siempre que un huésped se marchaba después de haber pasado algunos días en la posada, en lugar de despedirlo con el típico “adiós” o “muchas gracias”, le sonreía y le decía con jovialidad: “no me olvides, ¿me oyes?”.


Sin embargo, cuando por fin distingue a la niña que se esconde bajo la maraña de arrugas, Kaim aparta la mirada del rostro de la anciana.


-¿Qué pasa, hermanote?


Kaim no soporta la mirada vacía de Shushu.


¡Han pasado ochenta años! ¿De qué pueden hablar un hombre que no envejece nunca y una anciana senil a la que conoció de niña?


-Déjenme pasar, por favor. Lo siento, déjenme pasar, por favor.


Un joven se abre paso entre la gente en dirección a donde están Shushu y Kaim.-¡Bisabuela!


-¿Cuántas veces te tengo que decir que no salgas sin avisarme?Tras regañar a la anciana, mira a Kaim y agacha la cabeza a modo de disculpa.


-Lamento si le ha molestado. Está mayor y se le va la cabeza. Le ruego que la perdone.


Sin embargo Shushu frunce los labios y exclama:-¿Qué estás diciendo? Solo estoy hablando con mi hermanote Kaim. ¿Qué tiene de malo?


Clava los ojos en el joven y pregunta: -¿Quién eres tú?


El muchacho mira a Kaim con ojos tristes y comienza a disculparse de nuevo.


Kaim esboza una sonrisa afligida y lo interrumpe.


Sabe que a veces es más triste y doloroso cuando una vida se alarga que cuando es demasiado corta. Aun así, por dramática que sea la vida de una persona, nadie tiene derecho a pisotearla.


-No comprende que es una anciana.Si le pongo un espejo delante, pregunta: “¿quién es esta viejecita?”.


El muchacho, que se llama Hosee, le explica la situación: -Puede no acordarse de lo que ha desayunado, y sin embargo conserva recuerdos muy vivos de su infancia.


Kaim asiente con la cabeza.


Hosee y Kaim se sientan en un banco de la plaza del pueblo y miran cómo Shushu recoge flores.Está confeccionando una guirnalda para su hermanote, al que hace tanto tiempo que no ve.


Pero, en serio, señor, ¿no le estamos entreteniendo? ¿No tenía prisa?


-No, no pasa nada, no te preocupes.


-Muchas gracias.


Sonríe por primera vez y afirma que hacía años que no la veía tan contenta.


El joven está convencido de que su bisabuela cree que Kaim se parece a alguien que conoció de pequeña. Kaim lo prefiere así. Sabe que Hosee ni se imagina que está hablando con alguien que nunca envejece, ni tiene por qué saberlo.


-Su salud ha empeorado mucho últimamente.Cada vez que tiene fiebre, nos preguntamos si habrá llegado su hora y nos preparamos para lo peor.Pero luego se recupera como si nada. A veces bromeamos diciendo que se le va tanto la cabeza que se le olvida morir.Kaim mira al chico, que mantiene la vista al frente. Hosee sonríe con cariño mientras habla de su bisabuela. No cabe duda que de pequeño ella lo abrazaba y jugaba con él. Ahora, ya mayor, la vigila como un padre que cuida de su hija.


Le grita: -Muy bien, bisabuela. ¡Hacía mucho que no preparabas una corona tan bonita!


Shushu, acuclillada entre la hierba con un ramo de flores en las manos, contesta:-No es verdad. ¡Ayer le hice una guirnalda!


-Luego le dice a Kaim-:¿Verdad, hermanote? Te la pusiste para mí, ¿a que sí?


Kaim pone las manos en cuenco alrededor de su boca y le grita:-¡Claro que sí! ¡Olían a gloria!


El rostro de Shushu se retuerce de pura dicha.Hosee se conmueve y agacha la cabeza.


Kaim le pregunta: -¿Eres el único que cuida de ella?


-Ajá. Junto con mi esposa Cintia.


-¿Y tus padres?¿O tus abuelos? ¿Ya no viven?


Hosee se encoge de hombros y responde:


A sus abuelos se los llevó la epidemia de hace veinte años.


Su padre murió en la guerra que sacudió la zona diez años atrás.


Su madre, la nieta de Shushu, envejeció más rápido que su madre y falleció hace cinco años.


-Así que mi bisabuela ha asistido a todos los funerales: los de sus hijos y los de sus nietos. Cuando nos dimos cuenta, era la persona más vieja del pueblo. Debe de sentirse muy sola…


-Seguro –confirma Kaim.


-Tal vez sea un favor de los dioses el perder la cabeza cuando se ha vivido demasiado. Al menos es así como yo lo veo últimamente. Aunque nos dé pena, no está sola en absoluto. Vivir mucho significa acumular montones de recuerdos. Puede que no esté tan mal vivir entre ellos durante nuestros últimos días.


Shushu se pone de pie cargada de flores.


-¡Hermanote Kaim! ¡Te voy a hacer una corona de flores ahora mismo!Si me sobra alguna, le prepararé otra a este muchacho.


Kaim y Hosee se miran perplejos.


-¿Por qué sonreís así? –pregunta Shushu-. ¿Ahora sois amigos?Abre sus ojos cercados de arrugas cuanto dan de sí, les sonríe con toda su ilusión y se desploma sobre la hierba.


Hosee hace ademán de salir corriendo a buscar a un médico pero Kaim le sujeta del brazo y le dice: -Será mejor que te quedes con ella.Por irónico que resulte, Kaim, que en el fondo no se imagina cómo se siente una persona al envejecer, ha presenciado por ese mismo motivo incontables muertes a lo largo de los años. La experiencia le dice que esta vez Shushu no se va a recuperar.


La anciana está tendida boca arriba, arropada con las flores que había recogido.


No ha perdido la sonrisa.-Espera un momento, hermanote Kaim. Ahora mismo termino tu corona de…


Su mente sigue extraviada entre sus recuerdos.¿Seguirá así hasta el final?


-¡Aguanta, bisabuelita! ¡No me sueltes!


Hosee le coge la mano y le infunde ánimos entre sollozos aunque tal vez ella ni siquiera sepa que es su bisnieto.


-¡Soy yo, bisabuelita, yo, Hosee! ¿No te habrás olvidado de mí, verdad?Anoche te bañé. ¿No me reconocías entonces?


Hosee le habla con desesperación.


Aún así, Shushu, que no deja de sonreír como una niña, se está yendo de este mundo.


-¡Pronto seré padre, bisabuelita! ¿Recuerdas? Te lo dije anoche. Cintia lleva un bebé dentro. ¡Vas a ser una tatarabuela maravillosa! Nuestra familia va a crecer… Otra criatura sangre de tu sangre.


Sin perder la sonrisa en ningún momento, Shushu coge una de las flores entre sus dedos temblorosos.


Se la ofrece a Hosee y, con un hilo de voz, le pide:-No me olvides, ¿me oyes?


Hosee no comprende.


¿Cómo iba él a saber que ella tenía por costumbre decir eso de pequeña?


Kaim le pone la mano en el hombro y le dice que le responda.


-Entiendo, bisabuelita. No te olvidaré. No pienso olvidarme de ti nunca. ¿Cómo iba a olvidarme de mi bisabuelita?


-No me olvides, ¿me oyes?


-No me olvidaré de ti, bisabuelita, créeme. Siempre te recordaré.


-No me olvides, ¿me oyes?


Shushu cierra los ojos y posa la mano sobre las flores que cubren su pecho, como si buscara algo entre ellas. Parece que quisiera abrir la puerta que lleva a donde viven los recuerdos.


La brisa la acaricia.


Las flores que la cubren bailan al son del viento junto con los recuerdos.


Seguramente entre ellos se encuentra el Kaim de hace ochenta años.


Kaim arranca uno de los agitados pétalos y cierra el puño a su alrededor.


Shushu ya no volverá a abrir los ojos.


Ha emprendido un viaje hacia un mundo sin pasado ni presente.


Solo deja atrás a Kaim, que vivirá siempre, y a Hosee, que será padre dentro de poco.


Sin soltarse del cadáver, Hosee levanta la cabeza y mira a Kaim con los ojos bañados en lágrimas.


-Muchas gracias –le dice a Kaim, el viajero-. Gracias a usted, mi bisabuela fue feliz recogiendo flores en sus últimos momentos.-No, no ha sido gracias a mí –corrige Kaim.


Aprieta el pétalo que guarda en el puño y le dice a Hosee:-Estoy seguro de que si hubiera terminado su corona, se la habría regalado a tu bebé.


Hosee ladea la cabeza con timidez y murmura acto seguido, sonriendo a pesar del llanto-: Seguro que sí.


Respecto a la promesa que le has hecho… mantenla y no la olvides.


-No, claro que no.


-Los que se van siguen vivos siempre que alguien los recuerde.


Dicho esto, Kaim empieza a alejarse poco a poco. A sus espaldas oye la voz de Shushu.


No me olvides, hermanote Kaim. ¿me oyes?


Es la voz de la niña que conoció hace ochenta años, que suena más nítida, dulce e inocente que nunca para decir adiós al hombre cuyo viaje no acabará jamás.


Fin


domingo, 7 de abril de 2013

El mercenario parlanchín, por Kiyoshi Shigematsu. Lost Odissey, 1000 años de sueños...


Los baluartes caerán en manos del enemigo.Es cuestión de tiempo.Iniciarán el ataque al amanecer.El grueso de las fuerzas aliadas ya se ha retirado del frente.


Tras la barricada solo quedan los mercenarios.Sus órdenes: defenderla hasta la muerte.Estos hombres, curtidos en innumerables batallas, saben muy bien lo que eso significa.


-Nos han abandonado a nuestra suerte –dice Toma riendo entre dientes en medio de una negrura opaca que impide a los hombres ver más allá de sus narices-. Quieren que ganemos tiempo para que el grueso pueda seguir replegándose. Se supone que somos su escudo y que prestamos un último servicio a nuestros jefes.


Su risa seca y áspera estremece la oscuridad.


Kaim no contesta. Tiene que haber más mercenarios alrededor de ambos, ocultos en la noche, pero todos guardan sus pensamientos para sí mismos.


En el campo de batalla los mercenarios no tienen nada que contarse.


En el siguiente combate podrían estar luchando en bandos opuestos. Sobre todo en un momento como este, en que tienen que defender la barricada del ataque demoledor del enemigo, no pueden permitirse mirarse a la cara siquiera.


Kaim no sabe nada acerca de este combatiente llamado Toma. Su voz es la de un hombre joven. Lo más probable es que tenga poca experiencia como mercenario.


Cuando a un hombre le da por hablar al enfrentarse a la muerte es que, en el fondo, adolece de un punto débil que le impide convertirse en un auténtico soldado.


Un mercenario que dé la menor señal de tener este defecto jamás podrá engañar a la muerte y vivir para contarlo.


Es la ley del campo de batalla, aunque los hombres como Toma no la descubren hasta el momento en que pierden la vida.


-Esto es el fin. Por la mañana estaremos todos muertos. Nos darán esa “bienvenida fría” de la que hablan. No lo soporto. Es superior a mis fuerzas.


La oscuridad envuelve el silencio con que sus compañeros le responden. Es demasiado tarde para hablar de esto.


El día que eligieron la senda de los mercenarios deberían haberse resignado a morir.


Se venden por un puñado de dinero.


Alargan su vida, un enemigo tras otro.


Un mercenario es eso, ni más ni menos.


-Eh… ¿Es que no me oís? ¿Cuántos somos? Vamos a morir todos juntos. Al amanecer formaremos una hilera de cadáveres.


No os calléis. ¡Decid algo!


Nadie contesta. En lugar de llenarse con las voces de sus compañeros, la oscuridad empieza a llenarse con un silencio incómodo.


Aguarda la batalla en silencio, combate al enemigo en silencio y muere en silencio.


Es la regla del mercenario, su “estética”, por así decirlo.


Sin embargo Toma ha decidido obviar esa estética.


-Desde el principio he sabido que era inútil. Los del cuartel general han perdido la cabeza. Es imposible que una estrategia así funcione. Vosotros sabéis a qué me refiero, ¿verdad, compañeros? Vamos a perder. Esto es un desastre. Ojalá me hubiera unido al otro bando. Entonces sí que nos hubiéramos hecho ricos. Podríamos beber hasta caer redondos. Podríamos tener todas las mujeres que quisiéramos. Tuve la oportunidad de elegir pero al final escogí luchar en el bando equivocado…


-¡Eh, tú! –exclama un veterano anónimo con tono airado.


-¿Qué? –contesta Toma, emocionado por que al fin alguien quiera hablar con él.


Como para hacer añicos su efímero entusiasmo, el veterano continúa: -¿Por qué no te callas un poco? Si de verdad quieres largarte de aquí, puedo hacer que te vayas al otro mundo antes que los demás.


-Lo… lo siento.


Abatido de repente, Toma guarda silencio y todo vuelve a quedar en calma.


Sin embargo el ambiente es tenso. Mucho más tenso incluso que antes de que Toma se pusiera a hablar.


Los veteranos lo saben muy bien: cuidado con los parlanchines.


Ser parlanchín significa confiar en las palabras –confiar demasiado en las palabras-.


En el campo de batalla la charlatanería no vale para nada. Cargas con tu arma en silencio, te das ánimos en silencio, luchas en silencio, matas –o te matan- en silencio. Aquí todos los mercenarios viven así. Todos excepto el parlanchín.


Es muy probable que el soldado que se refugia desesperadamente en las palabras acabe cediendo a otras cosas: a la dulce escapatoria de la traición, por ejemplo, a las mieles de la deserción en pleno combate o al alivio de la demencia.


Kaim ha visto a muchos mercenarios patéticos que, incapaces de soportar el terror de verse cercados por el enemigo, se desquician y atacan a los de su propio bando.


¿Será Toma de esos? Es muy posible y sin duda los demás también lo creen. Lo miran igual que si de su peor enemigo se tratara, en busca de cualquier cambio de comportamiento. En cuanto perciban en él la menor señal de amenaza, alguien hundirá su espada en el lado izquierdo de su pecho sin miramientos.


El silencio se prolonga.


Esta noche, a diferencia de la anterior, ni siquiera se oye el canto incansable de los insectos. Tal vez huyeran al presentir el ataque del enemigo al amanecer. Esto le recuerda a Kaim que ayer tampoco vio ningún pájaro por la zona. Aunque los animales se acercaban para rapiñar comida cuando los hombres llegaron para levantar la fortificación, hace días que no se ve ninguno.Los animales conservan una misteriosa capacidad de presentir el peligro que los humanos han perdido. Esto resulta estremecedor cuando se visita un campo de batalla.


No cabe duda de que los animales han huido de esta barricada.


Ahora mismo, en algún bosque lejano, habrá alguna bandada de aves negras volando en busca de restos humanos que descarnar:


“¡El festín aguarda, amigos!”


Lo intuyen, de alguna manera. Para cuando el sol se haya alzado del todo, la batalla habrá terminado. Si no se dan prisa, otra bandada del bosque les arrebatará el alimento. Esos pajarracos negros, camuflados bajo el cielo nocturno, estarán aleteando con todas sus fuerzas.


Una voz quiebra el silencio. Es Toma, que llora.


-Escuchad, compañeros… No sé cuántos somos, pero al alba vamos a morir todos… o la mayoría. Tal vez sobrevivan uno o dos, pero no más. Pensadlo bien: no hay salvación. Ya habéis vivido esto antes. Sois veteranos, héroes de guerra, quizá ni siquiera estéis asustados. Pero aun así… Aunque no tengáis miedo, ¿no os parece una estupidez todo esto? ¿Eh? ¡Hablad! Habéis participado en muchas más batallas que yo, así que decidme… ¿Para qué demonios estamos aquí? No odiamos al enemigo, no les debemos nada a los líderes de nuestro bando, pero tenemos que obedecer sus órdenes y aniquilar al enemigo… Todo para acabar muertos. Decidme… ¿No os parece inútil? ¿No os parece absurdo?


La única respuesta es el chasquido de impaciencia que alguien hace con la lengua seguido del suspiro de fastidio de otro combatiente anónimo.


-No lo soporto más –masculla Toma-. Lo odio… -dice ya sollozando-.


Yo solo quería ganarme un dinero y poder comer y vestir mejor. Hubiera sido feliz así. Qué tremendo error elegir este trabajo. Nunca debería haber aceptado…


Kaim mantiene todos sus sentidos aguzados, atento a cualquier movimiento en la oscuridad.


Aparte de Toma y él, hay otros cinco soldados en cuclillas. Bien: todos son guerreros experimentados. De lo contrario no hubieran aguantado el lloriqueo de Toma. Si perdieran los estribos y empezaran a gritarle, lo agarraran del cuello o le dieran una paliza, acabarían agotados y desmoralizados antes de empezar el “trabajo” al amanecer.


Si estos hombres saben mantener la calma, sus posibilidades de sobrevivir son mucho mayores, suponiendo, claro está, que el parlanchín llorica no se convierta en una carga insoportable para el resto.


Sin dejar de gimotear, Toma sigue maldiciendo su suerte.De pronto ocurre algo: algo se mueve en la oscuridad.


Cuidado, piensa Kaim, que sube aún más la guardia.


Cuando amanezca, Toma no será más que un lastre. Por su culpa, las posibilidades de sobrevivir se reducen. Los mercenarios lo sabe y por eso harán lo que haga falta para aumentar las probabilidades de salir de esta con vida.


-No quiero morir aquí, muchachos. Aquí, ahora, como un perro sarnoso. Vosotros pensáis igual, ¿verdad?


Una abertura entre las nubes deja pasar la luz de la luna.


Por un momento, el rostro surcado de lágrimas de Toma se puede distinguir en la negrura. Es aún más joven de lo que Kaim había deducido por su voz. Es solo un muchacho.


Las nubes ocultan la luna de nuevo y la oscuridad opaca lo envuelve todo otra vez.


Se distingue un destello débil en el corazón de la noche.


Sin decir nada, Kaim sale corriendo como el viento hacia él.


En el espacio de un rayo de luna pudo calcular la distancia que lo separaba de Toma.


Kaim coge a Toma por el brazo. Algo duro cae al suelo. La luz frágil vuelve a centellear, esta vez a los pies de ambos, antes de que se la trague la oscuridad.


Un cuchillo.


Presa del pánico, Toma intentaba cortarse el cuello.


Se revuelve para que Kaim lo suelte, pero este le asesta un golpe en el plexo solar.


Sin hacer el menor ruido, Toma pierde el conocimiento.


Con el muchacho a cuestas, Kaim se abre paso en la oscuridad.


Al final Toma se despierta y patalea para liberarse.


-¡Para! ¡Suéltame!


Kaim lo deja en el suelo.


-De vez en cuando entra algún rayo de luna. Oriéntate con el próximo. Camina derecho hacia la luna –le explica Kaim con amabilidad.


-¿De qué demonios estás hablando?


-Es la única manera de salir de aquí.


Kaim ha escogido la parte más débil del cerco del enemigo. Por supuesto, no hay garantías de que escapar de aquí sea su salvación En adelante, Toma tendrá que confiar en su suerte y habilidades.


-¿Tú también vienes? –pregunta Toma.


-No, yo vuelvo. Vete solo.


-¿Por qué? Ven tú también.Vayámonos los dos. ¡Ven conmigo!


Toma agarra a Kaim por el brazo para suplicarle que lo acompañe pero Kaim le da una bofetada seca. Sus mejillas tiernas evidencian que no es ningún veterano de guerra. Su piel es la de un jovenzuelo, la de un niño.


-Vete solo.


-¿Pero por qué?


-Porque así sobrevivirás.


-¿Y tú? Tú también querrás vivir, ¿no? Deberías escaparte conmigo. ¿O es que quieres morir?


¿Quieres vivir?


No, Kaim no siente un gran aprecio por su vida. Si vive es por que no puede hacer otra cosa. Vive porque no le queda otra opción. Toma es demasiado joven, demasiado débil, para imaginar el dolor de una vida así.


-Vivimos para luchar. Es lo que hacen los mercenarios.


-Pero…


-Desaparece. Lo estás echando todo a perder.


-Nunca ganaréis esta batalla. ¿Por qué no escapar?


-Nuestro trabajo es combatir.


Dicho esto, Kaim se da media vuelta y se vuelve por donde vinieron.


Toma permanece inmóvil viendo cómo Kaim se aleja hasta que por fin decide echar a correr hacia el bosque del Oeste.


Luchar o huir: Kaim no sabe cuál es la mejor manera de sobrevivir.


Cree que es preferible no saberlo.


Aunque…


-Espero que lo consigas, muchacho –murmura mientras sigue adelante.


El cielo empieza a clarear por el Este. Pronto empezará el ataque despiadado del enemigo.


Unos pájaros emprenden el vuelo desde los árboles del bosque del Oeste.


Puede que se haya desatado una batalla menor. O tal vez el pobre aprendiz de mercenario haya caído presa del enemigo.


Kaim no mira atrás ni interrumpe su paso.


Está seguro de que ya conocía al mercenario parlanchín. Antes de que estallara la guerra, el muchacho vendía fruta en el mercado de la carretera. Era un buen chico, cuidaba de su madre, según las mujeres del mercado.


Que tengas una vida larga y plena, le desea Kaim, que sigue caminando con la vista fija en el resplandor del cielo del Este.


Fin


lunes, 25 de febrero de 2013

Lost Odyssey


Lost Odyssey es un RPG de la compañía Mistwalker para Xbox 360 que involucro a Hironobu Sakaguchi (director de Final Fantasy I al X) y a Nobuo Uematsu (compositor de la música de Final Fantasy I al XI y uno de mis compositores favoritos). Este juego incluye relatos escritos por Kiyoshi Shigematsu y que en el juego son recuerdos de acontecimientos ya olvidados que vuelve en forma de sueños que Kaim, el protagonista. Les dejo aquí el octavo de ellos de estos relatos.


- Viven en Conchas -


Se encuentra a oscuras.A diferencia de la oscuridad de la noche, esta es cerrada, carente de profundidad o extensión.


Oye una pesada puerta que se abre lentamente.


Un rayo de luz entra disparado, pero no está tan bien definido como eso.


Sin embargo, para unos ojos acostumbrados únicamente a la oscuridad, el débil destello se ve como fuegos artificiales.


-¡Parad! Por favor, ¡os lo ruego! ¡Soltadme!


Los gritos de un joven resuenan en el vacío.


Ninguna voz le responde.


En la oscuridad, Kaim cuenta los pasos. Han entrado tres hombres.


Los pasos descompasados probablemente son los que marca el joven. Los otros dos están perfectamente coordinados.


-Por favor, os lo ruego. Si lo que queréis es dinero, fuera os conseguiré todo el que podáis pedir. Lo prometo. Sabré agradecéroslo. Por favor.


La única respuesta de los dos hombres que han traído aquí al joven es el ruido metálico de una cerradura de hierro al abrirse.


-¡No! ¡No! Por favor, os lo ruego. Haré lo que queráis. ¡Lo que sea!


Un ruido sordo es el sonido de la carne al rasgarse y del hueso al dislocarse.Alguien se desploma sobre el suelo. Un grito ahogado. El ruido metálico de una cerradura de hierro al cerrarse.


Kaim sabe que han arrojado al joven en la concha de enfrente en diagonal a la suya. Cuando estás encerrado en una de estas conchas sin ventanas, tus oídos se vuelven sumamente sensibles.


-¡No lo hagáis! ¡Sacadme de aquí! ¡Por favor! ¡Quiero salir!


Por el sonido de la voz, Kaim imagina la cara de un joven con rasgos infantiles: un matón de poca monta apenas un escalón por encima de un miembro de una banda adolescente.


Sin duda, cuando aún estaba en la calle, solía pavonearse por la acera con sus astutos pero cobardes ojos mirando a todas partes.


Los dos hombres que lo han traído se mantienen en silencio hasta el final; sus pasos se alejan al compás. La pesada puerta se abre y se cierra de nuevo.


Sólo en la oscuridad, el joven berrea sus súplicas durante un tiempo, pero cuando comprende que no servirán de nada, grita hasta quedarse ronco, soltando una maldición tras otra hasta que empieza a sollozar.


-Cálmate –grita un anciano desde una de las conchas interiores-.


No te servirá de nada montar un alboroto. Ríndete, chaval.


Es la voz del hombre más viejo de los que viven en las alrededor de doce conchas alineadas en la oscuridad. Ya estaba aquí cuando mandaron a Kaim a este lugar.


Siempre calma y da consuelo a los recién llegados escandalosos.


-Si tienes tiempo de vociferar así, mantén los ojos cerrados.


-¿Cómo…?


-Tan solo asegúrate de seguir disfrutando tus recuerdos del exterior, como si fueran un trozo de caramelo.


De las conchas de los alrededores llegan sonidos de risas contenidas.


Kaim se une con una sonrisa y un suspiro.


Se supone que todas las conchas en esta oscuridad están llenas, pero pocos de sus habitantes se ríen.


La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.


-Oye, chaval –el viejo sigue en su papel de asesor del recién llegado-, tanto alboroto no sirve de nada.


La mayoría ha perdido las fuerzas para reír.


-Tan solo cálmate y acepta tu suerte. De lo contrario… -y aquí aparece una nota de intensidad en la voz del hombre-, te sacarán de aquí con los pies por delante.


Eso es exactamente lo que le pasó ayer al inquilino de la concha del joven.


Había estado gritando intermitentemente durante un día. Hasta que llegó al punto de golpearse la cabeza contra la pared de la concha. Después nada… hasta que lo sacaron a rastras en silencio.


-Así que aguanta, chaval. No dejes que la oscuridad te trague.Cierra los ojos e imagina un bonito paisaje de fuera, cuanto más grande, mejor:el mar, el cielo o un campo de hierba inmenso.Recuerda. Imagina. Es el único modo de sobrevivir en este lugar.


Siempre da ese consejo a los recién llegados.


Pero el joven grita con lágrimas en los ojos:


-¿A quién diablos crees que estás engañando? ¿Sobrevivir en este lugar?


¿Y después qué? Sé lo que es este sitio. Una prisión “sin salida”.Mandan a los condenados a cadena perpetua aquí,les dan la comida justa para mantenerlos vivos y al final la palman de todos modos.¿Me equivoco? No hay nada por lo que tener esperanza.


Los gritos se convierten en sollozos de nuevo.


Esta es la reacción de la mayoría de recién llegados.


Y sus razones tienen. Esto es una prisión.


Cada “concha” es una celda solitaria con barrotes, y el sol brilla sobre el prisionero solo el día de su funeral.


-Todo el mundo muere, chaval, eso está claro.Pero no puedes dejar que tu mente se vaya antes que tu cuerpo.La esperanza no se pierde a menos que tú mismo la deseches –continúa el viejo en voz baja, y prosigue solemnemente-. El sistema bajo el que vivimos tampoco puede durar mucho más.


El viejo es un prisionero político. Como líder de una facción opuesta al gobierno, se resistió a la dictadura durante mucho tiempo hasta que finalmente perdió la lucha y lo encarcelaron.


Sin embargo, el joven no oye las palabras del viejo. Sigue tirado en el suelo llorando.


Este tipo no estará en su concha mucho más que su predecesor.En unos pocos días, o menos de un mes como máximo, se hará pedazos.


Así de fuerte es la oscuridad.


Privar al prisionero de luz es bastante más cruel que arrebatarle la vida en un momento.


-Vaya, vaya –reflexiona el viejo-. Este tipo no nos servirá de mucho en una fuga.El viejo revolucionario ríe. Puede que sea una risa auténtica o una fachada atrevida, pero en cualquier caso casi nadie responde con una risa.


Mañana por la mañana, o mejor dicho, y ya que en la oscuridad no hay una “mañana” bien definida, después de que duerman, despierten y tomen la siguiente comida, sacarán otro frío cadáver de una concha sin una palabra.


-Oíd, muchachos. ¿Cuántos estamos aquí ahora? –pregunta el viejo revolucionario-. Responded si podéis oírme.


-Te escucho –dice Kaim.


La única voz es la suya.


Vaya calamidad. Hace poco estábamos hasta arriba –el viejo ríe entre dientes.


-Me pregunto si habrá pasado algo ahí fuera –dice Kaim.


-Puede que sí –responde el viejo revolucionario-.


En mi opinión, este sería el momento apropiado para un golpe de estado o una revolución. Mi gente no va a estarse quieta mucho más…


-Eh, ¿cómo dijiste que te llamabas? ¿Kaim? ¿Te has dado cuenta de lo que ocurre?


Últimamente ya no encierran a tanta gente como antes, y de los que traen nuevos, la mayoría son auténticos don nadie que no merece la pena condenar de por vida.


-Pues sí…


El joven era uno de ellos, tan solo un ladrón de poca monta.


Lo que sucedió es que entró a robar en un almacén que pertenecía a un rico con contactos con un político poderoso. Por eso lo metieron en una concha.


Las conchas siempre solían estar llenas.


Traían aquí a un puñado de hombres, que morían;entonces traían hombres nuevos, y ellos morirían…


El chico era uno de esos. El terror de estar envuelto en tinieblas fue demasiado para él, y se hizo pedazos. Aparentemente al final tenía alucinaciones; “Ya voy, mamá, ya voy. Espérame, por favor, mamá…”, repetía una y otra vez al igual que un niño.“Dónde estás, mamá? ¿Aquí? ¿Estás aquí?”…y se arrancó los ojos con sus propias manos.


Supongo que las cosas se estaban poniendo feas ahí fuera,con la policía perdiendo el control, y el gobiernoa punto de derrumbarse, y por eso las conchas estaban siempre llenas.


Eso es lo que trajo aquí al joven.


Murió con la sangre corriéndole de las cuencas de los ojos y mascullando entrecortadamente: -¿Qué he hecho yo?


Todo el mundo lo sabe… Hay muchos tipos mucho peores que yo…


-Pero ahora esto está vacío. ¿Sabes lo que significa, Kaim?


Claro. Hay tantos crímenes ahí fuera que el gobierno ya no puede contenerlos.


Lo has pillado. Por lo que sabemos puede que ya hayan colgado a toda la familia real. Es una revolución. Ocurrirá cualquier día. Eso significa que tú y yo saldremos de aquí. Mi gente vendrá y nos sacarán. Tan solo aguanta un poco más.


Kaim asiente en silencio. El viejo revolucionario continúa.


-No muchos podrían permanecer en calma como tú, arrojados en una concha y envueltos por las tinieblas de esta manera.


Ni siquiera Kaim puede explicarlo.Es cierto que estaba extrañamente tranquilo cuando lo metieron en la concha.Parecía reconocer la oscuridad como un recuerdo distante. En el pasado remoto, puede que él también hubiera saboreado la angustia de los habitantes de otras conchas torturados por el miedo de estar encerrados en la oscuridad.


-No, yo no…


Apenas merece la pena hablar de su crimen. Se resistió a las preguntas cuando lo trajeron como sospechoso, por eso se le tachó de rebelde y lo metieron en una concha. Aunque el viejo probablemente tenga razón. Es casi seguro que la dictadura del país está en sus últimos días.


-Ya no queda mucho. Estaremos de vuelta en el mundo real antes de que nos demos cuenta. Tengo esperanza, y no la perderé hasta que no me abandone a mí mismo – masculla el viejo revolucionario como si tratara de convencerse a sí mismo.


Poco después la prisión cae. Jóvenes armados entran cargando en la oscuridad y abren las puertas de las conchas.


El viejo revolucionario abraza a su gente y sale.


-¡Espera! –grita Kaim, intentando retenerlo.


Pero es demasiado tarde. Ansioso por ver el nuevo mundo después de la destrucción del antiguo sistema, el viejo revolucionario sale afuera y abre los ojos.


Es por la tarde.


Aunque el sol casi se ha puesto, la luz es lo bastante fuerte como para quemar unos ojos acostumbrados a la oscuridad total.


El viejo revolucionario se pone las manos sobre los ojos y con un gruñido cae de rodillas.


Kaim se salva a sí mismo cubriéndose los ojos con el brazo.


Ni siquiera él sabe qué le hizo hacer esto. ¿Acaso los recuerdos del pasado le han enseñado que lo realmente aterrador del castigo en la oscuridad es lo que sucede después de la liberación?


¿Cuándo he estado prisionero y dónde? Y lo que es más importante, ¿cuánto llevo en este viaje sin fin?


Con los ojos sangrando, rodeado en el suelo por sus chicos, el viejo revolucionario busca a Kaim.


-Llegué hasta aquí, Kaim, sólo para cometer un terrible error al final. Ahora probablemente mis ojos son inútiles.


Por eso precisamente le pide a Kaim un último favor.


-Dime Kaim, ¿cómo es el mundo de fuera? ¿Ha triunfado la revolución?¿Se ve a la gente feliz? ¿Sonríen con alegría?


Kaim abre los ojos lentamente, y tan solo un poco, bajo la sombra de su mano.


Hasta donde puede ver, el suelo está lleno de cadáveres. Los cuerpos de las tropas reales y las revolucionarias se apilan unos sobre otros, y hay innumerables civiles muertos. Una madre yace muerta con su pequeño hijo en brazos; el sangriento cadáver del padre está junto a ellos, con los brazos extendidos en un intento inútil de protegerlos.


-Dime lo que ves, Kaim.


Kaim reprime un suspiro y responde.


El viejo revolucionario siente la verdad.


-Pase lo que pase, no abandonaré la esperanza, Kaim.


Kaim asiente, consciente de que así lo hará, y comienza a caminar.


-¿Adónde vas?


-No lo sé… A cualquier parte.


-Por qué no te quedas aquí y construyes un nuevo mundo con nosotros? De entre todos, tú puedes hacerlo, lo sé.


-Gracias, pero me marcharé de todas formas.


El viejo revolucionario no trata de retener a Kaim más.


En su lugar, como regalo de despedida, le repite las palabras que tan a menudo decía en la concha:-Siempre habrá esperanza, donde quiera que estés, hasta que tú mismo la abandones. ¡Nunca lo olvides!


Kaim sigue adelante.


Sus ojos se encuentran por casualidad con el cuerpo de un joven muchacho a sus pies. El chico exhaló su último aliento con los ojos completamente abiertos por el miedo.


Kaim se arrodilla y con cuidado cierra los párpados del chico.


Muy adentro sabe, en un recuerdo demasiado alejado para que incluso él lo alcance, que mientras que la oscuridad puede ser una gran fuente de terror, también puede traer paz intensa y duradera.


miércoles, 23 de enero de 2013

Los contracorrientes, por Kiyoshi Shigematsu. Lost Odissey, 1000 años de sueños.


Siempre han soplado vientos fuertes, a lo largo de toda la llanura cubierta de hierba.Quizás la topografía de la zona tenga algo que ver, pero la dirección del viento permanece constante, sea cual sea el momento o la estación.


Desde el este al oeste, desde el horizonte donde se alza el sol hasta el horizonte donde el sol se pone, barridos por el viento incesante, los deformes troncos y ramas de los arbustos, se inclinan hacia el oeste. Aquí no crecen altos pastos y, los que sí lo hacen, se inclinan hacia el oeste.Caravanas y pastores recorren la única carretera que cruza la llanura. Ellos no “vienen y van”, ellos sólo van, moviéndose desde el este hacia el oeste, usando el viento sobre sus espaldas para ganar distancia. Otros viajeros, al contrario, se dirigen desde el oeste hacia el este, utilizando siempre el tortuoso camino que serpentea alrededor de las montañas del sur. Este camino es más largo, pero mucho más rápido que cruzar los campos en dirección contraria al viento. El camino que cruza la llanura se llama “Wind Stream” (Senda del viento). Del mismo modo que la corriente de un gran río nunca cambia de dirección, los pasos de aquellos que utilizan este camino, no han cambiado de dirección desde un pasado muy lejano, ni parece que vaya a cambiar en el futuro: de este a oeste.


Figuras humanas que aparecen desde el horizonte donde el sol se alza, desaparecen sobre el horizonte donde el sol se pone.


Ellos nunca coinciden con otros viajeros, salvo en raras excepciones. La primera vez que coincidieron con Kaim en el “Wind Stream”, la chica sólo era una niña.


- ¿Así que, mi abuela estaba viva entonces?


En respuesta a la pregunta inocente de la niña, Kaim sonríe y responde:


- Sí, lo estaba. Y también recuerdo lo agradable que era aquella anciana.


Mirando hacia atrás en el camino, la niña apunta hacia la fila de colinas que desaparecen en la distancia.


- Mi abuela cruzó siete colinas en su viaje. ¿Son mucho siete?


- Sí. Tu abuela vivió mucho tiempo. La mayoría de las personas terminan su viaje tras cinco colinas y, cuando mueren, la familia construye una pequeña tumba en honor del fallecido, justo en el sitio donde terminó su viaje y entonces siguen su camino…


La niña apunta hacia el suelo donde ella está.


- Esto es lo más lejos que he llegado – dice ella con orgullo y una alegre sonrisa.


La religión de la niña y de su familia, se basa en una creencia de que si ellos dedican sus vidas a caminar siempre hacia el este, en sentido inverso a la corriente del “Wind Stream”, acabarán llegando hacia la parte más al este, donde se encuentra el origen del mismo “Wind Stream”.


Estas palabras llevan un toque de miedo y tristeza, pero también un poco de pena y burla.Los “Upstreamers” están desprovistos de los deseos mundanos. Viven sus vidas sin más propósito que viajar hacia el este a pié. Están libres de dudas. Traen a la vida a sus niños durante el viaje, y continúan su viaje mientras sus niños crecen. Cuando envejecen y sus fuerzas les abandonan, su viaje acaba. Pero el viaje de su familia continúa.De niño a nieto y de nieto a bisnieto, van transmitiendo su creencia. El viaje de la familia de la niña comenzó con abuela, la cual comenzó caminando desde el punto más occidental con su hija, que tenía entonces la misma edad que la niña tiene ahora.


Los “Upstreamers” no caminan durante todo el año, por supuesto. Durante la estación en la que el viento sopla especialmente fuerte (desde finales de otoño hasta comienzos de primavera), fijan su residencia en varias ciudades situadas a lo largo del camino, y se ganan un sueldo desarrollando tareas que los ciudadanos se niegan a hacer. Algunos “Upstreamers” eligen quedarse en las ciudades, mientras otros, por el contrario, se reincorporan al viaje en primavera. Se trata de personas que se han enamorado durante el largo invierno, o de chicos a los que les encanta viajar, o adultos que se han cansado de la vida en la ciudad.


Estas son las razones por las que el habitante de la ciudad mira con recelo a los “Upstreamers”.La madre de la niña fue una de esas que se unió al viaje a medio camino y esa misma chica, hace algunos años, se enamoró de alguien en una ciudad de algún lugar. Ella podría haber elegido vivir en la ciudad o haber invitado a su amante a unirse a ella en su camino.Ella aún no sabe lo que queda por venir. Su padre dice: “Es hora de irse”. Su breve descanso ha terminado.


Ella parece triste por tener que irse y se levanta de mala gana.


- ¡Qué mal! – dice – Me hubiese gustado hablar más tiempo contigo. Pero tenemos que llegar a la siguiente ciudad antes de que comience la época de nieve


Constantemente expuestas al viento, sus mejillas están rojas y agrietada, secos sus labios, pero tiene una sonrisa maravillosa con la que desea a Kaim un buen viaje. Es la serena sonrisa de aquel que cree completamente en su propósito en la vida, sin la más mínima sombra de duda.


- ¿Volveré a verte otra vez en algún sitio? – pregunta ella.


- Es probable.


Kaim responde, sonriendo de espaldas hacia ella, pero su sonrisa nunca podrá coincidir con la de ella. El se dirige a los campos de batalla como mercenario y, desde el momento en que la batalla en la zona occidental haya terminado, una nueva batalla habrá comenzado en el este.Será un solitario y cruel viaje, sin nada en lo que creer. La próxima vez que él se encuentre de nuevo con la chica durante el viaje, la sonrisa de Kaim tendrá incluso más sombras que ahora. Quizá como regalo de despedida para él, la chica recita unas cuantas frases:


¿Desde dónde sopla este viento?


¿Comenzará aquí su viaje?


¿Viene desde donde la vida comienza?


¿O comienza donde acaba la vida?


- Adiós entonces – dice la chica girándose. Un paso tras otro, su pelo se agita por el viento.Diez largos años han pasado y Kaim vuelve a encontrarse con la chica. Es primavera y los pastos están repletos de flores blancas.


Ella se ha convertido en la esposa de un joven hombre que confecciona y repara el calzado en una de las ciudades por las que pasaron.


- Esta es mi tercera primavera aquí – dice, acariciándose su hinchado vientre con cariño.


En unos pocos días, ella dará vida a un niño. Va a ser madre.


- ¿Y tu familia…? – Pregunta Kaim,


Ella se encoge de hombros y mira hacia el este.


- Ellos siguen con su viaje. Yo soy la única que se quedó aquí.


Kaim no pregunta por qué lo ha hecho. Seguir el viaje es una forma de vida y quedarse en una ciudad es otra. No puede decirse que uno sea más correcto que el otro. La respuesta de la chica se muestra en su cara sonriente.


- Pero nunca pienso en mí – dice ella mirándole con interés – No has cambiado ni un poco desde la última vez que nos vimos.


Para los cientos de años que tiene Kaim, diez años no es más que un cambio de estación.


- Algunas vidas son así – dice él costándole sonreír – Algunas personas en este mundo no pueden envejecer, no importa cuánto tiempo vivan.


El contempla a la chica, ahora convertida en mujer, y se pregunta si vivir eternamente por siempre es un hechizo o una bendición. La explicación de Kaim a duras penas es una explicación, pero la muchacha asiente con una muestra de aparente entendimiento.


- En ese caso – dice ella – tú deberías ser el que vaya al lugar donde comienza el viento. Serías el perfecto “Upstreamer”


Quizá ella tenga razón, después de todo la vida útil otorgada a los seres humanos es demasiado corta para alguien que viaja contra el “Wind Stream” y pretende llegar hasta su punto de partida.


Kaim contesta con un leve movimiento de cabeza.


- No estoy cualificado para hacer el viaje.


- ¿No? Cualquiera puede ser un “Upstreamer”. Cualquiera que quiera ver con sus propios ojos el lugar desde dónde comienza el viento.


Después de decir eso, la chica añade con un poco de tristeza:


- Aún nadie ha podido verlo, creo. El lugar donde comienza el viento. Ese lugar no está en ningún sitio. Incluso si así fuera, después de un largo viaje, uno llegaría a la parte más al este del “Wind Stream” y el viendo también soplaría allí. Y no sólo soplaría en la parte este. También soplaría el viento del oeste, el del norte, el del sur: vientos sin límite, sin fin.


Los seres humanos, a pesar de no poder vivir para siempre, se atreven a emprender un viaje sin fin. Esta podría ser una gran tragedia, pero podría muy bien ser una gran comedia. Sin embargo, Kaim sabe algo: uno no puede simplemente desechar esa idea como si fuera inútil.


- ¿Qué vas a hacer tú? – pregunta él – ¿Continuarás pronto tu viaje?Ella piensa en eso durante un segundo, acaricia su vientre hinchado, inclina la cabeza y dice:


- Me pregunto… si quizá quiero seguir viviendo mi vida como hasta ahora…. o si por el contrario, quiero volver a sentir el deseo de alcanzar el punto de partida del viento.


Todos los “Upstreamers” sin excepción dicen que nunca puedes saber qué podrá desencadenar tu vuelta al viaje. Un día, sin previo aviso, dejas atrás toda tu vida en la ciudad y comienzas a caminar.


No es sólo una cuestión de caminar como un “Upstreamer” e ir dejando atrás el camino. Mucha gente lo abandona de repente.


Las enseñanzas de los “Upstreamers” dicen que todos los seres humanos albergan en su interior el deseo de hacer un viaje sin fin. Seguramente, no son conscientes de ese deseo porque está muy oculto y mucho más escondido en el interior del pecho que en el interior de la conciencia. Pero en el momento en el que eso sale a la superficie, esa persona se convierte en un “Upstreamer. Incluso tú, si tienes ese deseo – dice la niña a Kaim.


- Me pregunto…


- Es cierto – dice ella – No preguntes.


La mirada en los ojos de ella es tan sencilla y libre de toda duda, como lo fue la última vez que se encontraron. Fijando en él su mirada, ella observa su propio pecho.


- Yo no la he perdido completamente


- Pero estoy seguro que tú eres feliz con tu actual vida.


- Por supuesto que lo soy.


- ¿Crees que llegará un día en el que querrás volver al camino, aunque eso signifique perder tu felicidad?


En lugar de responder, ella le ofrece una amable sonrisa.


Han pasado muchos años, pero ahora y entonces, algo le recuerda a Kaim las palabras de la chica: “Todo el mundo desea acabar su viaje”


Para Kaim, la vida misma es un viaje sin fin.


En el curso de su viaje, ha sido testigo de innumerables muertes y también de innumerables nacimientos. La vida humana es demasiado corta, demasiado débil y fugaz. Cuanto más piensa en la palabra “fugaz”, palabras como “eterno” y “perpetuo” le dan más sentido a su vida, como si fuera tan finita como cualquier otra cosa.


Ahora Kaim asiste al funeral de un “Upstreamer”. Un niño vestido de luto está junto a la carretera portando unas flores silvestres para los viajeros, e instándolos a “ofrecer una flor a una noble alma que ha hecho un largo viaje hasta aquí.”


Kaim coge una flor y pregunta al chico – ¿Era un miembro de tu familia?


- Así es, era mi abuela.


La cara del chico le recuerda a Kaim una imagen que el ya conocía.


La anciana que se encuentra en el ataúd debe ser aquella niña que Kaim conoció. Está seguro de ello.


- Mi abuela viajó durante mucho tiempo. Trajo a mi padre con ella cuando él era sólo un niño. ¿Ves aquella colina de allí? Ella empezó a caminar desde allí y más allá, y acabó su viaje aquí.


Así que, la niña debe haber acabado su viaje después de todo.


Volviendo la espalda a la vida en la ciudad, llevando a su niño de la mano todo el camino hasta el final. Su deseo de conocer el lugar donde nace el viento fue transmitido a su hijo, después a su nieto, y también lo será a las generaciones venideras.Dirigirse hacia una tierra que uno nunca podría esperar alcanzar y hacer eso generación tras generación, también es otro viaje sin fin. ¿Acaso es una tragedia? ¿Una comedia?


Quizá la sonrisa serena en la cara de la anciana dentro del ataúd sea la respuesta.Kaim apoya la flor en los pies de la anciana como una ofrenda.


Los miembros de la familia de la fallecida que han viajado con ella, se unen para cantar una canción de despedida.


¿Desde dónde sopla este viento?


¿Comienza desde aquí su viaje?


¿Viene desde donde comienza la vida?


¿O quizá comienza donde la vida acaba?


El viento sopla.


Se extiende por los grandes pastos.


Kaim da un largo y lento paso hacia su destino.


-¡Que tengas un buen viaje! -grita el chico.


Rosadas, como lo fueron las mejillas de la niña hace tiempo, las del niño forman una suave sonrisa como despedida al viajero.


martes, 13 de noviembre de 2012

La Pequeña Embustera, por Kiyoshi Shigematsu. Lost Odissey, 1000 años de sueños.


Little LiarNinguno de los comerciantes soporta a esta niña.


Aunque aun no tiene ni diez años y le queda mucho para dejar atrás la tierna edad de la inocencia, ya se ha ganado el desprecio de los tenderos.


Por una sencilla razón.


Solo sabe contar mentiras.


-¡Eh, señor, acabo de ver a un ladrón entrando en su casa!


-¡Mire, señora, se le ha caído todo el genero del mostrador!


-Oigan, ¿saben lo que ha dicho el viajante? ¡Que unos bandidos piensan asaltar este mercado! Hasta las mentirijillas mas inocentes pueden resultar fastidiosas si se repiten una y otra vez, de modo que los tenderos ya están mas que hartos.


Mas te vale tener cuidado con ese piojo-avisa la verdulera a Kaim-.


Como aquí ya nadie le hace caso, ahora lo que quiere es reírse de los recién llegados y los forasteros. La gente como tu sois la presa perfecta para ella.


Podría tener razón. Kaim lleva poco tiempo en el pueblo. Llego hace unos días y hoy ha empezado a trabajar en la plaza.


-¿A que se dedican sus padres? -pregunta Kaim mientras descarga un carro de verduras.


La mujer frunce el ceño y suspira meneando la cabeza.


No tiene.


-¿Murieron?


-Por lo menos la madre si. Hará unos cuatro o cinco años.


Era una mujer lozana que jamas cogió un resfriado, pero un día cayo enferma y todo acabo para ella.


-¿Y su padre?


Suspira aun mas profundamente que antes y dice:


-Se marcho a buscar trabajo a la ciudad.


Los padres regentaban un bazar en el mercado, aunque la madre se encargaba prácticamente ella sola de comprar y vender la enorme variedad de genero con que comerciaban. Cuando murió, los ingresos de la tiendo cayeron en picado, de manera que la acabo llevando otra persona. El padre se marcho a la lejana capital en busca de un trabajo bien pagado que le permitiera saldar sus deudas.


Prometió que regresaría al cabo de seis meses, pero ya hace un año que se fue. Al principio enviaba alguna que otra carta a su amigo el sastre, pero ya hace medio año que no se sabe nada de el.


-Es triste que una niña tan pequeña este esperando a que su padre regrese, pero…


La niña duerme en un rincón del almacén comunal de los comerciantes.


Antes se hablaba de encargarnos de ella, de adoptarla hasta el regreso de su padre.


A Kaim no le extraña. Sabe por experiencia que los comerciantes (no solo esta mujer oronda y bondadosa) son gente generosa y de buen corazón, pese a su escasez de medios. De los medios, nunca habrían contratado a un forastero como el.


-Sin embargo, antes de que transcurriera ese medio año, ya estábamos hartos de ella.


Cuando su madre vivía, era una niña dulce y educada, pero esta desgracia la ha hecho muy retorcida.


Ahora de dulce no tiene un pelo.


Claro que nos da pena y nos turnamos para alimentarla y vestiría con ropa usada, pero como ahora solo piensa en engañarnos a todos, ya nadie se preocupa demasiado por lo que le pase.


¿Por qué no se da cuenta de que…


-Debe de sentirse muy sola, ¿no crees?


La mujer se encoge de hombros, sonríe afligida y exclama:


Ya basta de cháchara por hoy. ¡Venga, vamos a trabajar! -Dicho esto, corre al interior de la tienda.


Kaim esta colocando en la entrada del establecimiento las verduras que ha descargado cuando oye una vocecilla a sus espaldas.


-Oiga, señor, ¿es usted nuevo aquí?


Es la niña.


-Aja…


-No es de este pueblo, ¿verdad?


-No, no lo soy…


-¿Va a vivir arriba, mientras trabaje aquí?


-Durante un tiempo. Al menos esa es mi intención.


-Le contare un secreto, ¿le parece?


Ya empieza. -De acuerdo- contesta Kaim sin interrumpir su trabajo.


-En esta plaza vive un fantasma.


Los tenderos no se lo cuentan a nadie porque es malo para el negocio, pero esta aquí. Yo lo veo a menudo.


--¡¿En serio?! Exclama Kaim haciéndose el sorprendido.


Decide seguirle el juego en lugar de regañarle por mentir.


A lo largo de su existencia interminable, ha conocido una legión de niños huérfanos y abandonados por sus padres.


La tristeza y la soledad de los niños dejados a su muerte son las mismas que asolan a Kaim en su continuo vagar por el paso del tiempo.


-¿Que clase de fantasma?


-El de una mujer. Y yo se quien es.


La niña le explica que se trata del espíritu de una madre que perdió a su hija.


Su niña (su única hija) murió victima de una epidemia.


Presa de la tristeza, la madre se dejo morir y ahora su fantasma se aparece en el mercado cada noche para buscar a su pequeña.


-¡Pobre madre! Decidió morir para reunirse con su hijita pero tampoco la encuentra en el otro mundo.


Por eso la sigue buscando aquí, sin dejar de gritar: “¿Dónde estas? Corre, ven con mama al otro mundo”.


La niña narra la historia con sorprendente seriedad.


-¿ A que es muy triste? -le pregunta. Tiene los ojos bañados de lagrimas lo que le indica a Kaim que esta mintiendo.


Aunque la mujer no le hubiera avisado, sabría que es una mentira basada en lo que le contó sobre las circunstancias de la cría.


Kaim amontona con cuidado unos racimos de uvas maduras en una caja de muestra y le pregunta a la niña:


-¿Por qué crees que la madre no puede encontrar a su hija?


-¿Cómo?


-pregunta la niña mirándolo extrañada.


-Bueno -explica Kaim-, la niña no esta en el otro mundo y tampoco anda vagando por este, así que ¿Donde esta?


Kaim no pretende someterla a un interrogatorio.


Solo cree que alguien que miente porque se siente triste puede hallar cierto alivio admitiendo su mentira. La soledad de una niña que ha perdido a su madre y cuyo padre la ha abandonado no consiste en contar una mentirijilla sino en tener que mentir siempre.


-Um, ahora que lo dices, es una buena pregunta


-dice la niña sonriendo con calma-.


Cierto…¿Dónde estará?


A Kaim se le pasa por la cabeza señalarla y decir "aquí mismo"


la niña, que se le adelanta, prosigue:


-Es la primera vez que me lo preguntan, Usted es…distinto.


-Puede…


-Que si. Que usted no es como los demás -insiste la pequeña-.


Creo que podemos ser amigos. -Ensancha la sonrisa.


Kaim le devuelve el gesto sin decir nada.


En ese instante se oye la voz de la verdulera procedente de la trastienda y la niña sale espantada.


Justo antes de doblar una esquina y escabullirse por el callejón, la pequeña se despide de Kaim con la mano como si dijera: "¡Hasta pronto!".


Por primera vez, la mirada de la niña que habla como un adulto revela la infantilidad propia de sus años.


La niña se acerca a la tienda para ver a Kaim varias veces al día, cuando la verdulera no este cerca.


Le cuenta una mentira detrás de la otra.


-Anoche ayude a mi madre a hacer galletas. Quería haberle traído unas pocas pero estaban tan buenas que las comí todas.


-Los ladrones me secuestraron cuando solo era un bebe pero mi padre me rescato y les dio una paliza a todos, así que sobreviví.


-¿Mi casa? Es una muy grande y blanca que esta al pie de la montaña.


Como usted es nuevo aquí, no lo sabrá. Es la mas grande del pueblo.


-¿Qué no tiene mi familia? ¿ Estas solo? ¡Pobre Kaim! ¡Ojala pudiera compartir mi felicidad con usted!


Cada una de sus mentiras es fruto de su pesar; se trata siempre de embustes tristes y patéticos que nunca podría contar a los mercaderes que ya la conocen. Siempre que termina de hablar con Kaim, mientras se aleja, se lleva al indice a los labios y le dice:


"Sera nuestro secretito. No se lo cuente a la verdulera".


Por supuesto, Kaim no le dice nada a nadie.


Siempre que los comerciantes se ponen a hablar mal de la pequeña, se marcha con discreción.


Tanto las mentiras como los cotilleos son ridículos. No se extienden porque alguien los cuente, sino porque siempre hay quien los escucha y se los cree.


Quien esta solo de verdad nunca critica a nadie.


Lo mismo se puede decir de las mentiras.


La niña, puesto que tiene a alguien a quien mentir, no necesita caer en el abismo de la verdadera soledad.


Para proteger la escasa felicidad que le queda, Kaim finge creerse a pies juntillas todo cuanto le cuenta.


Un día en que la niña se acerca a hablar con Kaim, ella toma mas precauciones de lo normal para que no la descubran ni la verdulera ni los demás comerciantes.


-Dígame, señor, ¿tiene pensado quedarse aquí mucho,mucho tiempo?


-No, la verdad -contesta Kaim sin dejar de descargar hortalizas y frutas.


-¿Se marchara cuando haya ahorrado suficiente dinero?


-Es posible.


-Pero aun no lo ha ganado.


-Ya me falta menos -dice forzando una sonrisa.


Ahora le tocaba mentir a el. Ya dispone del dinero suficiente para continuar su andadura.


En realidad no se ha puesto a trabajar de ayudante porque tenga una necesidad urgente de dinero.


Esta aquí porque todavía no ha decidido su próximo destino.


Un viaje sin un lugar adonde ir es un viaje sin fin.


Los labios dicen que en la vida necesitas un sueño y un objetivo.


Pero los sueños que cumplir y los objetivos que perseguir brillan como postes indicadores en el camino de la vida precisamente porque este es finito.


Entonces, ¿cuáles deberían ser las ilusiones y las metas de alguien que carga con el peso de una vida sin final?


Kaim debe tomarse su viaje con calma.


De hecho, no puede afrontarlo de otra manera. Tal vez a vivir a la deriva no se le pueda llamar viaje.


Si yo fuera usted -le recomienda la niña-, me marcharía de este mercado en cuanto ahorrara lo suficiente para dos o tres jornadas de viaje.


Kaim le responde con una sonrisa muda y fría.


¿Qué cara pondría la pequeña si Kaim le contestara:


"¿Estoy aquí por ti?" "Por ahora, el sentido de mi vida es ser el depositario de tus embustes".


En cuanto se le ocurre esto, algo que no debe revelarle jamas, la mentirosilla mira alrededor furtivamente y dice casi susurrando:


-Si quiere irse pronto, yo se la mejor manera.


-¿La mejor manera…


-Entre a hurtadillas en la sastrería y robe el dinero.


Encontrara un botecito en el armario de la trastienda. Esta lleno de dinero.


-¿Me estas diciendo que robe al sastre?


-Si.


La pequeña mira a Kaim sin la menor sombra de duda en los ojos.


Se pone seria y empieza a explicarse:


Ese sastre merece que le roben. -Argumenta que el dinero del bote esta mancillado.


-Conozco a una niña, una buena amiga miá -dice-; es tan triste lo que le ha pasado… Su madre murió y su padre se marcho a trabajar a la capital, así que esta sola.


Su padre debería haber regresado a por ella a los seis meses, pero no sabe nada de el.


Otra mentira nacida de su dolor.


Kaim le pregunta con tranquilidad: -¿Hay alguna relación entre tu amiga y el sastre?


Por supuesto -contesta la embustera-. Muy estrecha. Lo que paso en realidad es que su padre le enviaba dinero cada mes, como prometió, para facilitarle la vida en el pueblo. Y siguió escribiéndole. Quería decirle que había conseguido un buen empleo en la ciudad y que debería irse a vivir con el lo antes posible.


Como el esta demasiado ocupado, es ella quien tendría que desplazarse a la ciudad. Hasta le envió dinero para el viaje. Pero ni el dinero ni las cartas llegaron a sus manos.


¿Y por que cree usted?


Antes de que Kaim responda, la niña continua:


-El error del padre fue mandar las cartas y el dinero a la dirección del sastre.


Se ha quedado todo el dinero para el.


Kaim aparta la mirada de la niña.


La pequeña, para dar credibilidad a una mentira, ha inventado otra aun mas triste con la que ademas puede perjudicar a otra persona.


Esto es lo mas lamentable de todo.


El candado de la trastienda de la sastrería tiene que ser muy fácil de romper


-deja caer la niña, que sale corriendo sin esperar la respuesta de Kaim.


A la mañana siguiente la niña entra corriendo en la verduleria, llamando a gritos a la dueña.


En lugar de con Kaim, habla directamente con la mujer:


-¡Anoche robaron en la sastrería!


Asegura que vio como un grupo de ladrones entraba a hurtadillas por la noche, después de que la plaza se vaciara.


-Ay, que tragedia -dice la verdulera fingiendo una sonrisa-. Habrá sido terrible.


-Obviamente, no cree una palabra de lo que dice la criá.


-¡Es verdad! ¡Yo los he visto!


-Escuchame bien, mocosa, no pienso seguir aguantándose. Si ahora eres una pequeña embustera, no quiero ni pensar que de mayor seras una ladrona o una estafadora o algo peor. Estoy muy ocupada abriendo la tienda, ¿me oyes?


Vete a incordiar a otro.


Apenas ha terminado de regañar a la niña cuando alguien grita en la calle:


-¡Socorro! ¡Que alguien me ayude! -El sastre esta en medio de la plaza, aterrorizado y gritando con todas sus fuerzas.


-¡Lad…ladrones! ¡Me han robado todo el di…dinero!


La niña huye en cuanto se acerca el sastre.


Toda la plaza esta revolucionada.


La pequeña no mentía; al menos eso es verdad.


Sin embargo, puesto que de la boca de la niña nunca han salido mas que invenciones, le gente cree que se trata de un embuste mas.


-Quizá lo hizo ella.¿Que piensas?


Y poco a poco… -Tal vez tengas razón.


-¡Estaría fingiendo! -No me extrañaría en ella.


Vamos a buscarla. La obligaremos a hablar… aunque tengamos que ser duros con ella.


Nadie se opone a esta idea.


Algunos corren al almacén y otros empiezan a buscar por la plaza.


-¡Aquí no esta! -En el almacén tampoco. -¡Huyo con el dinero!


Por fin, cuando los perseguidores regresan con sus conclusiones y sus conjeturas, Kaim lo entiende todo.


Después de tantas mentiras vanas, la niña se ha despedido con la verdad.


-¡No puede haber ido muy lejos!


-¡Si, todavía podemos cogerla!


-¡Esa ladronzuela! ¡ Como le ponga las manos encima!


Los hombres montan en cólera y las mujeres avisan el fuego:


-¡Vamos! ¡ Hay que darle su merecido!


-¡Con lo bien que la hemos tratado, y así nos lo agradece!


¡No podemos dejar que se salga con la suya!


Una docena de hombres sale a buscarla


pero Kaim se cuadra en medio del camino para impedirles el paso.


-¡Eh, apartate!


Los hombres están sedientos de sangre pero Kaim sabe que si fuera necesario, no le costaría derribarlos sin que los rozaran siquiera.


En vez de eso, adopta una postura mas relajada y arroja a los pies de los mercaderes una bolsa repleta de monedas.


-Aquí tienen el dinero robado -les dice.


-¿Cómo?


-Lo robe yo, lo siento.


La confusión inicial da paso a un alboroto de jauría.


Kaim levanta los brazos para hacer ver que no se resistiría.


-Hagan conmigo lo que quieran. Estoy preparado.


La verdulera sale de entre la muralla de hombres y grita:


-¿Cómo has podido hacerlo, Kaim?


-Quería el dinero, eso es todo.


-¿No lo dirás para proteger a la niña?


La tendera tiene una intuición demasiado afilada.


Kaim fuerza una sonrisa, mira al sastre y le dice:


-Estaba en el bote del armario, ¿verdad?


El hombre afirma enérgicamente con la cabeza.


-¡Es cierto! ¡Tiene que haber sido el!


¡Guardaba el dinero de un bote!


¡El ladrón es el!


Aunque en ese bote no solo había dinero, ¿no es cierto?


-¿De que hablas?


En el escondías también unas cartas. Las del padre dela niña.


-¡Eso es mentira! ¡Estas loco!


-Sin embargo es verdad.


-¡No, ahí no podía haber ninguna carta! ¡Las tire todas…


El sastre se tapa la boca con la mano.


Aunque ya es demasiado tarde.


La verdulera lo mira.


-¿Qué esta ocurriendo aquí?- exige saber.


-Er…No…Yo…


-Mas te vale contárnoslo todo.


La gente deja de mirar a Kaim para clavar los ojos en el comerciante.


Días mas tarde, llegan dos cartas de la niña a nombre de “la señora de la verduleria” y “el hombre bueno de arriba”.


A Kaim le cuenta que encontró a su padre en la capital.


No tiene manera de saber si es verdad o no.


Es difícil creer que una niña sea capaz de dar con su padre en el gran ciudad con tanta facilidad sin saber ni donde vive ni donde trabaja.


Aun así, prefiere pensar que es verdad cuando lee:


"Ahora soy feliz".


El ser humano es el único animal que miente.


Miente para engañar a los demás, para beneficiarse y también para que ni la soledad ni la tristeza le asfixien el corazón.


De no existir la mentira, la gente evitaría muchos conflictos y malentendidos.


Por otro lado, puede que gracias a que este mundo sea un revoltijo de verdades y mentiras, las personas hayan aprendiendo a creer.


Cuando termina de leer su carta, Kaim mira a la mujer.


La verdulera, que esta concentrada leyendo la suya, levanta tímidamente la cabeza al percibir la mirada de Kaim.


-¡No puedo!- exclama-. Escucha esto:


Os estoy muy agradecida a ti y a los demás comerciantes por todo lo que has hecho por mi. No os olvidare mientras "viva".


Que niña esta, embustera hasta el final -dice con una sonrisa mojada en lagrimas.


Fin.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Una Madre vuelve a Casa, por Kiyoshi Shigematsu. Lost Odissey, 1000 años de sueños.


El chico ha perdido la sonrisa pero lo niega. -No seas tonto, Kaim. ¡Mira! Estoy sonriendo, ¿ves?


Fuerza una sonrisa y deja ver sus dientes marfileños, que contrastan con su piel morena. -Si esto no es una sonrisa, ¿Qué es? Kaim asiente el silencio. Le da una palmada en el hombro como para decir: “Claro, claro” Venga, en serio, mírame. Estoy sonriendo ¿vale? -Sí, estás sonriendo.
Bueno, déjalo. Venga, vamos.


El chico es afable y abierto. Se hizo amigo de Kaim en seguida mientras los demás habitantes del pueblo se mantenían alejados del “extraño forastero”. Tampoco es que el chico eligiera al milenario Kaim como amigo.


Lleva a Kaim a la taberna, que hoy todavía no ha abierto. Odio pedirte que hagas esto pero...si no te importa, por favor. La voz del chico parece haberse apagado. En la taberna hay un hombre que emite un alarido de borracho. Hoy parece más perjudicado de lo normal. Kaim reprime un suspiro y entra en la taberna. El hombre que ocupa el taburete es el padre del chico, ebrio de nuevo ya al mediodía. El chico ha venido para llevárselo a casa. Mira a su padre con ojos tristes.


Kaim toma al padre por el hombro y aparta de él con disimulo la botella de whisky. -Ya basta por hoy- dice. El hombre se quita de encima el brazo de Kaim y se derrumba sobre la barra. -Os odio- gruñe. Lo sé -dice Kaim-. Pero es hora de volver a casa. Ya has bebido bastante. Óyeme bien, Kaim. ¡Vagabundo! Os odio. Os odio tanto, tanto, tanto.


El padre siempre se pone así cuando se emborracha: Maldice a todos los “vagabundos”, se pelea con cualquiera que tenga aspecto de viajero y termina durmiéndola en el suelo. Su hijo es demasiado pequeño para llevárselo a casa. Kaim suspira y vuelve a sostener al padre bebido para que no se caiga del taburete.


El chico mira a su padre, sus ojos dos pozos de tristeza, rabia y lastima. Cuando mira a Kaim, se encoge de hombros como para decir: “Lamento hacerte pasar por esto”. Sin embargo, Kaim está acostumbrado. Lleva un año viendo al padre como una cuba casi a diario, desde que el chico y él se quedaron solos. -Oh, vamos...-dice el chico forzando una sonrisa como si se resignara a la situación-. Pobre papa...Pobre de mí.


Con el padre apoyado en el hombro, Kaim sonríe al chico y le dice: -Si, pero procura no acabar emborrachándote igual que el. Perdona -replica el chico sacando el pecho-. A veces los niños aguantamos más que los adultos. Kaim amplia la sonrisa, como dándole la razón. “Claro que la tengo”, contesta el chico con la sonrisa que le devuelve. Es la única que el niño de diez años ha conseguido esbozar en todo el año: Tan amarga que te entumecería la lengua si pudieras saborearla.


La madre del chico (la esposa del padre) se marcho de casa hace un año. Se enamoro de un vendedor ambulante y abandono al chico y a su padre.


-Mama estaba aburrida -dice el chico con frialdad al recordar la infidelidad de su madre-. Se canso de hacer lo mismo cada día. Entonces lo conoció. A la tierna edad de diez años, el chico ya ha aprendido que algunas historias hay que contarlas con naturalidad.


El padre nació y se crió en este pueblo y trabajaba en la oficina de la administración. No tenía ningún talento especial, aunque su oficio no requería ningún virtuosismo ni demasiada inteligencia. Lo único que tenía que hacer era cumplir órdenes con diligencia y sumisión, y eso era exactamente lo que hacía, año tras año, sin causar nunca ningún problema. -Decía que nuestra vida era “tranquila”, aunque mama no opinaba igual. Se quejaba de que era “normal” y “aburrida”. Le atrajo la vida del astuto vendedor ambulante. Le parecía arriesgada y emocionante, como caminar por lo alto del muro de una prisión, si pisas mal, acabaras encerrado.


-Papa le decía a mama que el vendedor le estaba engañando, que solo la quería por el dinero, pero no conseguía hacérselo entender. Mama se había olvidado de nosotros. Con absoluta objetividad, como si lo viera todo desde fuera, el chico reflexiona sobre la tragedia que hundió a su familia. -Había oído que el amor es ciego. ¡Vaya si lo es¡- exclama a la vez que se encoge de hombros y esboza una sonrisa sardónica de adulto desengañado.


Kaim guarda silencio. También se dice que los niños deben ser inocentes, aunque algo así no debe de tener mucho sentido para un pequeño que ha perdido el amor de su madre. Y aunque Kaim intentara hablar con él, el chico intentaría quitarle importancia con una media sonrisa y diciendo: “ A veces los niños aguantamos más que los adultos.”


El padre del chico, sin embargo, muestra su desagrado cuando su hijo se expresa como si fuera mayor. -Este mocoso ha espabilado mucho. Ahora me desprecia. Cree que soy patético. En el fondo ríe de mí por dejar que mi esposa se fuera con otro, el maldito. Le molesta sobre todo cuando esta borracho. Entonces su desprecio asfixia el cariño que siente por su hijo. A veces incluso lo abofetea, o lo intenta. Cuando se ha pasado con la bebida. Al niño no le cuesta esquivar los sopapos, con lo que su padre termina cayéndose al suelo.


Pero aunque se esté ahogando en un mar de licor, a veces recupera la cordura y empieza a hacer preguntas. -Dime, Kaim, tu llevas mucho tiempo viajando, ¿verdad? Pues sí. ¿Es tan emocionante como parece? Visitar ciudades desconocidas, conocer gente nueva no puede ser tan...¿Tan maravilloso es que lo dejarías todo por vivir siempre así? Pregunta lo mismo una y otra vez. Kaim siempre responde lo mismo. Unas veces disfrutas más y otras menos. No sabe que mas decir.


-Sabes, Kaim, nunca he salido de este pueblo. Tampoco mi padre, ni mi abuelo, ni mi bisabuelo ni ninguno de mis ascendientes. Siempre hemos vivido y muerto aquí. La familia de mi esposa también. Llevan generaciones echando raíces aquí, así que no entiendo porque lo hizo. ¿Por qué se marcho?, ¿Por qué esa necesidad acuciante de dejarnos a mí y su hijo? Kaim sonríe sin decir nada. No se puede responder a algo así con palabras. Por mucho que intentara explicársela, la razón por la que algunas personas se lanzan a la aventura no se puede hacer entender a quienes no sienten esa ansia. El padre es de los que nunca entenderán.


Incapaz de obtener una respuesta de Kaim, se hunde de nuevo en un mar de embriaguez. -Tengo miedo, Kaim -confiesa-. Tal vez mi hijo también lo haga. Puede que algún día se marche y me deje aquí solo. Cada vez que lo oigo hablar como un adulto, me asusto tanto que no lo soporto.


La madre del chico acaba regresando. El vendedor ambulante le quito todos sus ahorros y en cuanto vio que ya no le serbia para nada, la dejo. La madre, deshecha física y mentalmente, solo tiene un sitio al que ir, el hogar que abandonó. Primero envía una carta desde el pueblo vecino, de la que su marido, después de leerla una y otra vez con el corazón emponzoñado de licor, se ríe burlonamente. -Le está bien empleado a esa bruja. Se deleita haciendo pedazos la carta delante de Kaim, sin enseñársela antes a su hijo.


Kaim se lo cuenta al chico y le pregunta: ¿Qué quieres hacer?. Decidas lo que decidas, cuenta conmigo. ¿Decida lo que decida? -repite el pequeño con su sonrisa de desencanto-. Si quieres marcharte de este pueblo, te proporcionare dinero suficiente para que te las arregles durante una temporada -dice Kaim-. Puedo hacerlo Su semblante es de absoluta seriedad.


El padre no tiene la menor intención de perdonar a su esposa. Seguramente la rechazara si esta se presenta, y tal vez incluso ponga una sonrisa de venganza. No obstante, Kaim sabe que si la madre no vuelve al hogar y abandona el pueblo para siempre, el padre volverá a beber cada día, maldecir la infidelidad de su esposa, a lamentar su suerte, a pagarla con los forasteros y a mostrar todo el tiempo lo peor de sí mismo a su hijo. Las largas temporadas que Kaim ha pasado en el camino se lo han enseñado. Viajar continuamente significa conocer todo tipo de gente y no cabe duda de que el padre del chico es uno de los hombres más débiles con los que se ha tropezado nunca.


Podrías reunirte con tu madre y vivir en otro pueblo. O, si prefieres ir solo a alguna parte, yo podría conseguirte un trabajo. Kaim cree que cualquiera de las dos opciones es preferible a que el chico siga viviendo así con su padre. Pese a todo, el chico, que parece intrigado, mira a Kaim a los ojos y le muestra sus dientes blancos. Llevas mucho tiempo viajando, ¿verdad, Kaim? Pues si ¿Siempre solo? Unas veces sí y otras no... -Hmm... El chico asiente con la cabeza y, con el gesto sombrío de un adulto, dice- No acabas de entenderlo, ¿verdad? ¿El qué? Con todo lo que habrás viajado y todavía no has comprendido lo más importante. Su sonrisa triste se vuelve tan amarga como de costumbre.


Tres días más tarde Kaim entiende a que se refería el pequeño. Una mujer de aspecto cansado y vestida con harapos sale de la carretera y entra en el mercado. La gente se aparta de ella y se queda mirándola, de tal manera que forma un circulo a su alrededor. La madre del chico ha vuelto.


Este se abre paso entre la multitud y entra en el circulo. En cuanto la madre ve a su hijo, una sonrisa se abre entre sus mejillas abrasadas. Paso a paso, el niño se va acercando a su madre, demacrada y sonriente. Al principio vacila, pero en seguida se arroja a sus brazos. Llora. Sonríe. Por primera vez desde que lo conoce, Kaim lo ve sonreír como un niño inocente.


Lo siento. Lo siento mucho. Por favor, perdóname... -suplica su madre, bañada en lágrimas-. Aprieta la cabeza de su hijo contra su pecho y dice, sonriendo a pesar del llanto: ¡Cuánto has crecido!. Luego añade: Nunca volveré a abandonarte. Me quedare contigo para siempre...


Los curiosos que están más cerca de la taberna se agitan extrañados.


Ahora es el padre quien se abre paso entre la gente hasta llegar al círculo. Está borracho. Tambaleándose, se hacer a su esposa a su hijo. Mira a su mujer. El chico se queda entre ambos para proteger a su madre. ¡Papa, no! -grita-. Mama ha vuelto. Ya está bien, ¿no?. ¡Perdónala, papa, por favor! -exclama sollozando-. El padre no contesta. Los mira y cae de rodillas con los brazos abiertos.


Los abraza. La familia desmembrada está completa de nuevo. Papa, por favor. El niño llora y ríe. La madre solloza. El padre gime de pura rabia. Kaim, que ha contemplado toda la escena desde el fondo de la multitud, se da media vuelta.


¿Te vas de verdad? -le pregunta el niño a Kaim una y otra vez mientras lo acompaña a la salida del pueblo-. Si. Quiero atravesar el océano antes de que llegue el invierno. Papa ya te echa de menos. Dice que confiaba en que a partir de ahora podríais beber juntos en la taberna. Ya beberás tú con él cuando crezcas. ¿Cuándo crezca? -el chico ladea la cabeza, un tanto avergonzado, y murmura-. No sé si seguiré aquí por entonces.


Nadie lo sabe, por supuesto. Puede que de aquí a unos años el padre se vuelva a dar a la bebida porque si hijo ha abandonado su pueblo y a su familia. Y aun así... Kaim recuerda algo que olvido decirle al cobarde padre del niño. Lo llamamos “viaje” porque tenemos un hogar al que regresar. No importa cuantas vueltas de una persona ni cuantos errores cometa; mientras tenga un hogar al que volver, siempre podrá intentarlo de nuevo.
No lo entiendo -dice el niño-. Kaim recuerda algo más.


Sonríe por mí -dice por última vez poniendo la mano en el hombro del chico-.
¿Así? Le enseña sus dientes níveos y sus mejillas se arrugan levemente. Por fin puede sonreír como un niño feliz.


-Ahora te toca a ti, Kaim.
Er...Claro. El chico escruta la sonrisa de Kaim como si fuera a clasificarla. -Tal vez un poco triste -dice-. El hecho de que bromee hace que sus palabras duelan más. El niño sonríe otra vez como para instruir a Kaim. -Bueno -dice sacudiendo la mano-. Hoy me voy de compras con papa y mama. Kaim le devuelve la sonrisa y echa a caminar.


Entonces oye al chico gritar su nombre por última vez: -¡Aunque esto sea un adiós, no pienso llorar, Kaim! ¡A veces los niños aguantamos más que los adultos! Kaim, sin mirar atrás, responde despidiéndose con la mano. La expresión del chico cambiaría si cruzaran la mirada. Decide ser fuerte hasta el final.


Kaim sigue adelante. Tras un breve descanso, su viaje sin un hogar al que regresar comienza de nuevo. Un viaje sin un hogar al que regresar: los poetas lo llaman “errar”.

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